María Calzada, fundadora de El Rincón Orgánico
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“Yo no te doy a comer algo a vos que no como yo. Si no está bueno para mí, no está bueno para vos. Esto es sagrado, es mi misión”; acentúa María.

“La alimentación tiene que ser genuina, porque el universo de los alimentos es tan poderoso. Una buena comida te inunda de placer; los olores de un producto verdadero te cambian, te invaden. Hemos perdido esta conexión con el alimento. Hoy se busca que todo sea light o muy gourmet, sibarita, rebuscado; en lugar de gozar de una comida sencilla y gustosa. Para mí el alimento es y va a seguir siendo una de las prioridades. Busco lo mejor, soy muy selectiva. Por ejemplo, un queso envasado al vacío estuvo en contacto con ese plástico y no va a tener el mismo sabor que uno cortado en el momento. La comida para mí es innegociable”.

“También es innegociable la transparencia. Creo que no se puede sostener nada si no sos transparente. Con la transparencia te encontrás con la persona que te la agradece y con quien se siente agredido. Porque la transparencia implica compromiso y responsabilidad. Y yo soy muy responsable. Siempre digo que el consumidor es el dueño del mercado y tiene todo el derecho a preguntar. Para eso, primero, ¡hay que animarse a preguntar! Al hacerlo, el consumidor se puede encontrar cosas que le van a doler o que no le van a gustar, y que lo van a llevar a cuestionarse qué está comiendo. La responsabilidad está de los dos lados. Yo apunto a informar y a construir por el lado positivo. En vez de decir no comas tal cosa, porque te va a pasar tal otra, digo elegí lo orgánico, porque vas a disfrutar, vas a estar mucho mejor”.

Con una sonrisa, Julia Lernoud recibe a quienes incursionan en lo orgánico
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Julia es socia además de hija de María, fundadora de El Rincón Orgánico
Con 25 años ha vivido este estilo de vida desde que nació. Tras haber trabajado en todos los rincones de la empresa, hoy contribuye desde un ámbito global y estratégico; también, colabora con la organización de eventos y con el área de exportación.

“Lo que más disfruto de El Rincón Orgánico es la posibilidad que le damos a la gente de acceder a un nuevo mundo y la plataforma desde la cual se puede generar conciencia en las personas. También valoro el contacto directo que hay con el consumidor y la posibilidad de llevar lo orgánico a espacios y a personas que de otra manera no lo conocerían.”

“Toda mi vida estuve rodeada de alimentación saludable. Cuando era chiquita me escapaba a Mc Donalds, porque mis padres no me dejaban ir. Después me di cuenta de que realmente vale la pena elegir este estilo de vida que te nutre y te conecta con gente que está buscando otro modo de vivir. Te das cuenta de esto cuando viajás y conocés gente que ha dedicado la vida a esto. Más allá de las diferencias culturales, existe una idea general que es cuidar al planeta y a todo lo que vive en él. No solamente a las personas, sino también a los animales y todos los recursos de la naturaleza. Eso está buenísimo.”

“Ha venido gente que era alérgica y se brotaba con ciertos alimentos, y, ahora, desde que probaron los alimentos orgánicos, ya no les pasa más. También, quienes no podían comer ningún tipo de verduras por los pesticidas, o pollo por los antibióticos y las hormonas, pueden volver a comer esos alimentos ¡y les da mucho placer! La gente se alucina por volver a comer tomate con sabor y olor a tomate, o por una frutilla que no es dura o plástica, o por la lechuga que tiene sabor y que no hace falta tirarle dos litros de aceite o aceto. Se sorprenden con la variedad que hay ahora. En un principio solo había fruta, verdura, pollo y alguna otra cosa, pero hoy, en la Argentina, es posible tener un 90 por ciento de tu dieta orgánica”.

“Cuando era chica, veía que quienes se acercaban a El Rincón Orgánico eran personas que quizás habían tenido campo o huerta en su infancia y buscaban reencontrarse con esos sabores. Hoy la juventud que está buscando otra cosa ha copado el mercado. Cuando nunca has comido pollo o probado un tomate de verdad en toda la vida, al principio puede parecer muy fuerte, porque es un sabor desconocido y después empezás a comprender y a valorar. Cada vez hay más conciencia en la juventud, por suerte”.

“Muchas personas que incursionan en la comida orgánica, a su vez, empiezan a tener mayor conciencia de otras cuestiones, entonces quizás entran a la antroposofía o a la homeopatía, empiezan a separar la basura… Y lo mismo ocurre en el sentido inverso”.